Peso para su fertilidad

Obesidad materna

influencia materna

La epidemia de obesidad tiene efectos negativos duraderos, como la posibilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares y diabetes, lo que conlleva un aumento de las enfermedades y una disminución de la esperanza de vida. Sin embargo, la obesidad materna no solo afecta a la madre, sino también al feto y a su desarrollo.

Los datos recogidos en estudios de población demuestran que existe una relación entre la obesidad materna y la posibilidad de problemas de neurodesarrollo en la descendencia. Las probabilidades de déficit cognitivo, disminución del cociente intelectual y discapacidad intelectual aumentan considerablemente cuando el IMC (índice de masa corporal) materno es superior a 40 kg/m2. Se ha demostrado esta misma asociación entre un IMC elevado y los trastornos del espectro autista (TEA). El riesgo aumenta con el compromiso fetal en el útero (RCIU-restricción del crecimiento intrauterino) y el parto prematuro; la preeclampsia y la diabetes gestacional. En todos estos casos, la unidad maternoplacentaria, el medio de comunicación entre el feto y la madre, se ve comprometida.

Lo más probable es que la fisiología del embarazo obeso sea la responsable de los puntos finales de lo que vemos: el compromiso fetal. Con un IMC elevado, hay una mayor incidencia de inflamación y mala programación y edición genética fetal, las hormonas están alteradas y hay un desarrollo deficiente de los agentes de neuroseñalización (serotonina y dopamina).

La obesidad materna y el aumento de peso gestacional pueden provocar cambios en la placenta y en el entorno intrauterino que den lugar a una mala programación fetal y a los consiguientes efectos duraderos en la descendencia.
Está claro que no todas las complicaciones metabólicas y del neurodesarrollo fetal pueden evitarse. Sin embargo, la reducción de la obesidad materna puede disminuir el riesgo entre 1 y 4 veces.

La obesidad es una lucha de por vida, con la que luchan muchas mujeres (quizá porque también se vieron afectadas en el útero). No obstante, el duro trabajo que las mujeres realizan ahora favorece un entorno propicio para el feto, con la esperanza de que sus hijos no tengan que pasar por las mismas dificultades.