Acerca de la fertilidad

Aves y abejas Parte II

Te hablaré de los pájaros y las abejas
Y las flores y los árboles
Y la luna
Y una cosa llamada "Amor"(Herb Newman)

Tras la eyaculación, los espermatozoides se depositan como un coágulo de secreciones procedentes no sólo de los testículos, donde se fabrican los espermatozoides, sino también de las vesículas seminales, la próstata y otras glándulas accesorias del aparato reproductor masculino. En la vagina, este coágulo tarda unos minutos en licuarse para que los espermatozoides puedan iniciar su arduo viaje por el tracto reproductor femenino en busca del esquivo óvulo. Aunque algunos espermatozoides pueden nadar bastante rápido, apareciendo en el tracto reproductor femenino superior (trompas de Falopio también llamadas oviductos) en cuestión de minutos, la mayoría de los espermatozoides eyaculados están destinados a sufrir una muerte ignominiosa dentro de las secreciones ácidas de la vagina. Sin embargo, en el momento de la ovulación (cuando el óvulo se libera de sus confines dentro del ovario), las secreciones cervicales aumentan en un intento de neutralizar el entorno cáustico (para los espermatozoides). Algunos espermatozoides (los afortunados) penetran en este moco cervical más bien neutro y se esconden en las grietas cervicales, donde pueden almacenarse de forma segura y permanecer vivos durante dos o tres días. Es aquí, en el santuario de las criptas cervicales, donde los espermatozoides adquieren su capacidad de fecundar en un proceso denominado capacitación. Durante este respiro, los espermatozoides se liberan con el tiempo y suben agresivamente hasta el útero, a través de las aberturas tubáricas llamadas ostia y, hasta las trompas de Falopio. Por eso no es necesario mantener relaciones todos los días (al menos para quedarse embarazada), aunque el óvulo sólo puede ser fecundado durante unas 24 horas. Se necesitan al menos 11 millones de espermatozoides en movimiento en la vagina para lograr un embarazo, aunque normalmente sólo un espermatozoide victorioso tiene el privilegio de fecundar el óvulo que se ha hecho receptivo gracias a las maquinaciones hormonales que preceden a la ovulación, incluida ésta.